“La secesión de Cataluña y la política de la mentira”, por Carlos Martínez Gorriarán

La secesión de Cataluña y la política de la mentira

Publicado el 13 septiembre, 2012

El refrán avisa de que para el perro flaco todo son pulgas; España es ahora un perro escuálido y todas las pulgas están de fiesta. Así el separatismo, ese estadio último del nacionalismo, emplea la crisis como oportuno combustible para su hoguera. Es un discurso simplón, narcisista y falaz y, por tanto, seductor: formar parte de España es una desgracia que nos hace sufrir una crisis que no merecemos (somos inocentes de la mala gestión propia); si fuéramos un Estado independiente superaríamos la crisis manteniendo nuestro elevado nivel de vida (pues no somos unos vagos subvencionados); ha llegado la hora de romper con España para recuperar nuestro dinero (que nos han robado para dárselo a los vagos). Eso es todo, y que Europa nos lo bendiga. Buena parte de la sociedad catalana recurre a este discurso tóxico para explicar todas sus tribulaciones efecto del mal gobierno propio, y este 11 de septiembre se ha manifestado en masa para hacerlo bien visible.

Carlos Martínez Gorriarán es diputado del Congreso en representación de UPyD por la Comunidad de Madrid

Fragmentos del Editorial de UPyD titulado La renuncia de PP y PSOE a combatir democráticamente al nacionalismo

Si hay una pregunta que los españoles se hacen cada día en varias ocasiones, es ésta: “¿cómo hemos llegado hasta aquí?“. Hoy, tras la manifestación independentista de Barcelona con motivo de la Diada, la pregunta es más que pertinente. ¿Cómo es posible que después de tres décadas de régimen nacionalista en Cataluña, hoy logren desviar la atención de su gestión fracasada? ¿Cómo es posible que se debata en serio la posibilidad de un pacto fiscal (eufemismo para “privilegio económico“) cuando en Europa se va camino de una fiscalidad común? ¿Cómo es posible que en el siglo XXI los principios nacionalistas, basados en el victimismo, la ficción histórica, la xenofobia y la insolidaridad puedan competir en pie de igualdad con los principios democráticos? ¿Cómo se nos pueden juntar todos los problemas: crisis económica, desafío independentista, auge totalitario en el País Vasco?

La razón es que en realidad no son problemas separados, sino partes del mismo. Y los motivos son dos: el modelo de Estado en combinación con la ley electoral y la renuncia de los gobiernos españoles a ejercer el liderazgo. El Estado de las autonomías favorece el cultivo de los intereses particulares frente a los comunes, y la ley electoral da a los nacionalistas una importancia que no les corresponde por el apoyo que reciben. La Constitución del 78 nació con serios problemas cuyas consecuencias se hacen ahora más patentes que nunca. Por ejemplo, estableció un privilegio fiscal para el País Vasco y Navarra que el catalanismo blande ahora como un precedente para su propia exigencia. Cuando Rosa Díez, portavoz de Unión Progreso y Democracia, pidió en el Congreso la supresión de esta anomalía, el Ministro de Hacienda los justificó porque se remontaban a “los ancestros”. Es decir, utilizó un argumento nacionalista. El mismo sistema que nos ha llevado a la crisis es el que explica por qué el discurso nacionalista sigue triunfando a pesar de su incoherencia.

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