Revolución financiera

(…) QUE PODEMOS HACER

  • Llegados a este punto, cabría preguntarse ¿Qué podemos hacer?
  • Enunciada así, la pregunta es bastante difícil de responder, pero podríamos empezar por despejar la incógnita e intentar simplificarla, para a partir de ello, como en cualquier formulación matemática, avanzar en su resolución.
  • Empecemos por intentar, dentro de este laberinto, consensuar que es lo que no debemos hacer y tal vez podamos sorprendernos gratamente al ver que la salida existe.
  • Hasta ahora, se intentan aportar soluciones tirando de manual, sea este más o menos ortodoxo.
  • Según criterios académicos, más o menos dogmatizados, se procura aplicar recetas utilizadas con anterioridad en función de las variables manejadas o de datos obtenidos o proyectados a futuro con formulas conocidas.
  • Se extrapolan simulaciones, etc, pero todo, absolutamente todo, sin cuestionar el sistema.
  • Cuando se alza alguna voz al respecto, rápidamente impera la ortodoxia, cortándola de raíz, bien por radical, bien por panfletaria.
  • Es decir, como si el médico ante un cuadro clínico desconocido, viendo que el enfermo no reacciona, se empeñase en “el libro dice lo que dice”.
  • Aunque difícil de entender por la praxis de la clase política dominante, parece que en principio no sería descabellado pensar que no debiéramos seguir aplicando una política económica totalmente equivocada obsesionada en un control a ultranza del déficit que no hace sino acrecentar el disfuncionamiento del sistema, máxime cuando se pretende conseguir en plazos de tiempo de difícil asunción social.
  • Cierto que acotar y reducir el mismo es necesario, tanto en este como en cualquier otro sistema, por puro sentido común y de eficiencia, pero, en ningún caso a cualquier precio.
  • Posiblemente una de las mayores lecciones de la situación actual lo sea, independientemente de cualquier otro factor, la necesidad de evitar despilfarrar y gestionar costos de manera rigurosa con la visión puesta en la sostenibilidad del propio planeta.
  • Además, llegado a este punto tendríamos que ponderar ciertas premisas a saber:
  • No podemos asumir como déficit del Estado lo que es privado, en un 90 % bancario.
  • No podemos seguir respaldando y avalando deuda bancaria por deuda de todos.
  • No podemos socializar las perdidas cuando el sistema no permite socializar los beneficios.
  • El aceptar que como mal menor hay que rescatar al sistema bancario, es ir contra el libre mercado que tanto nos gusta recordar.
  • Estamos convirtiendo deuda privada en pública por unas cuantías imposibles de asumir y ello está arrastrando a la quiebra del Estado.
  • Tenemos que determinar quien debe regir los gobiernos, si los representantes de la población o los consejos de administración de lobby privados.
  • Ante la desastrosa situación a la que han llegado la mayoría de bancos, principalmente debido a su pésima gestión, su falta de escrúpulos, en muchos casos, su falta de visión en riesgos asumidos, respaldados en la seguridad de su fuerza para imponer su rescate, su avaricia en emplear el dinero gestionado participando directamente en todo tipo de actividades, así como la permisividad y falta de control en la ingeniería financiera utilizada con la existencia de paraísos fiscales a medida, lo que no podemos hacer es tabla rasa y apoyo a ultranza,.
  • Muy al contrario la solución pasa por cubrir estrictamente los depósitos bancarios de clientes e impositores, dejando al riesgo y ventura de los accionistas los resultados de su gestión, como se hace en cualquier actividad mercantil.
  • Si queremos salvar a alguien que se está ahogando no podemos hacerlo como él quiere, pues nos ahogaremos con él.
  • Tiene que crearse una banca pública que haga de freno al desenfreno para a través de ella proveer de financiación a la economía real productiva, garantizando la función básica de la banca de dar préstamos.
  • Tiene que regularse la banca privada, separando nítidamente, lo que es banca comercial y banca industrial, en base a una eficaz información al ciudadano, a quien habría que trasladar el mensaje de “tus depósitos en un banco comercial están garantizados, si quieres mas plusvalías tienes la banca industrial, pero será tu riesgo”.
  • La deuda del sistema bancario es virtual y me explico. La ingeniería financiera utilizada en base a derivados, titulizaciones de paquetes de “burbujas” es tan desproporcionada que no existe contraprestación en moneda emitida capaz de cubrir la misma.
  • Por tanto, empeñarse en seguir queriendo solucionar un problema real de forma virtual solo lleva a llegar a soluciones de maquillaje y apuntes contables sin contrapartida real alguna. Cuanto más tardemos en verlo más difícil será la salida.
  • El sistema no puede funcionar si no tiene circulante y este se encuentra retirado, en poder de un escaso uno por ciento de la población a quien habrá de convencer, como mal menor, y formulas hay para ello, para que lo deje circular.
  • De no ser así habrán de tomarse medidas drásticas en beneficio de la inmensa mayoría de la población que no aguantara mucho más tiempo una situación de impotencia e indefensión ante tal acumulación de capital en tan pocas manos. (…)

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